El mito griego de Perséfone y el Hades, representados en mitología romana por Venus y Plutón, nos muestra la historia de la unión de estos amantes de una manera impensada.

Perséfone, por su magnífica belleza, fue secuestrada por el Hades, obligándola a pasar una temporada en el infierno. Triste estaba Demetér por la pérdida de su hija, pues no sabía si regresaría, se entristeció y la Tierra comenzó a secarse y enfriarse.

Zeus, padre de Perséfone, intercedió ante su hermano Hades, para que su hija volviera a la superficie de la Tierra. El problema es que Perséfone ya había probado el fruto prohibido y no quería regresar a su vida anterior.

El acuerdo fue el siguiente: Perséfone pasaría una temporada en la Tierra, formándose la primavera y posteriormente el verano; y luego pasaría otra temporada junto a Hades, formándose el otoño y el invierno.

¡Qué hermosa historia!

Ahora pensemos un poco del tema que nos trae esta historia, más allá del amor romántico que propondría Venus en Libra, por ejemplo.

Perséfone (Venus), se siente poderosa cuando está junto al Hades (Plutón) en Capricornio.

Fruto de este amor prohibido, nace una sensación de poder que une a los amantes, que nada tiene que ver con el amor romántico, sino con el amor concreto, aquel que desea lograr objetivos para poder manejar el mundo a su antojo, y a medida que pasa el tiempo y se añeja, se hace más fuerte.

Esta Venus es hermosa en la vejez, cuando ha logrado un amor maduro.

Plutón en Capricornio es conocido por transformar estructuras y hacernos renacer.

¿Y si practicamos el amor maduro, concreto y ambicioso?

Pero cuidado con desear tanto el poder, que terminemos olvidando el amor…

Ashé!!!

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